La violencia de los cárteles en Michoacán obliga a cientos de habitantes a abandonar sus hogares en comunidades rurales La situación en Apatzingán, Michoacán, se ha agravado considerablemente debido a los intensos ataques de los cárteles de Los Viagras y el Jalisco Nueva Generación. En particular, las comunidades rurales de El Guayabo y El Mirador enfrentan una crisis humanitaria, ya que cerca de 300 habitantes han sido forzados a abandonar sus viviendas por la amenaza de explosivos lanzados desde drones. Estos artefactos, utilizados por las organizaciones criminales, caen en las viviendas y causan destrucción, generando un escenario de pánico y desolación en la región. Las familias afectadas prefieren abandonar sus hogares para salvar sus vidas, dejando atrás sus pertenencias y bienes, en un intento por escapar de la violencia. La constante movilidad de camionetas cargadas con objetos básicos refleja el desplazamiento forzado que viven los habitantes, quienes buscan refugio en la cabecera municipal o en otros puntos de la Tierra Caliente. La incertidumbre y el temor se han convertido en la realidad cotidiana de estas comunidades, donde la presencia del crimen organizado ha destruido la tranquilidad. Uno de los testimonios más crudos proviene de Eustaquio García, cortador de limón originario de El Mirador, quien relata que solo pudo sacar una cama de su vivienda debido a la intensidad de los ataques. García, con tristeza y temor, indica que en ese momento se desplazaba con su familia hacia Apatzingán, llevando únicamente las pocas pertenencias que pudo salvar de los ataques. Asegura que los drones lanzan explosivos desde lo alto del cielo, impactando directamente en las casas, y que la situación ha llegado al punto en el que ya no hay seguridad en su comunidad. El padre de familia explica que durante los días en que permanecieron atrapados entre la lluvia de explosivos, encontraron protección en las huertas de limón. “Yo, para protegerlos, me voy al campo, a las lim
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