La incidencia de la enfermedad creció un 70% en una década, mientras el financiamiento para su atención disminuye, afectando a pacientes y calidad de atención. En México, los diagnósticos de cáncer de mama se han incrementado significativamente en los últimos diez años, alcanzando un aumento del 70%, lo que refleja una tendencia alarmante en salud pública. Sin embargo, a pesar de este incremento en la incidencia, los recursos destinados a la atención de esta enfermedad han experimentado una reducción pronunciada en el mismo período, afectando tanto la disponibilidad de medicamentos como la funcionalidad de los equipos necesarios para el tratamiento. Esta disparidad genera complicaciones, pues muchas pacientes enfrentan atrasos en sus citas y escasez de insumos básicos, poniendo en riesgo vidas en una enfermedad que no espera. El contexto es particularmente grave en un escenario donde también aumenta la prevalencia de cáncer en mujeres jóvenes, con casos de cáncer de mama triple negativo reportados en menores de 35 años. Este tipo de cáncer, por su agresividad y menor estudio, requiere atención especializada desde edades tempranas, pero la falta de campañas de prevención dirigidas a adolescentes y la escasa difusión de información agravan la situación. La detección tardía, por ejemplo, en etapas avanzadas, reduce notablemente las posibilidades de éxito en el tratamiento y aumenta las muertes por la enfermedad, que ya se posiciona como la principal causa de mortalidad por cáncer en el país. A pesar de las promesas de incremento presupuestal, las cifras oficiales demuestran que la inversión en acciones contra el cáncer de mama ha bajado más del 53% en los últimos seis años, afectando principalmente a la población sin seguridad social, que debe recurrir a gastos de bolsillo para acceder a medicamentos y servicios. Expertos alertan que esta reducción en recursos contrasta con la necesidad real y el incremento en casos, poniendo en riesgo la vida de muchas mujeres y evide
Temas:
