Cada vez más vehículos dañados se consideran pérdida total, afectando las reparaciones y las aseguradoras en un mercado en cambio. En el contexto del parque vehicular mexicano, se ha observado un aumento en el número de autos que las aseguradoras declaran como pérdida total tras accidentes. Durante 2023, más de 109,000 vehículos fueron considerados siniestrados de manera definitiva, con un costo estimado cercano a los 22 mil millones de pesos solamente en indemnizaciones. Esto refleja una tendencia en la que las aseguradoras prefieren catalogar ciertos daños como pérdida total cuando el costo de reparación supera el 50% del valor del vehículo, con un umbral automático en el 65%. Factores como la complejidad de arreglar autos eléctricos, especialmente de origen oriental, y la dificultad para hallar piezas en el mercado, explican en parte esta tendencia. La declaración de pérdida total tiene implicaciones clave, ya que la aseguradora realiza un pago al propietario y, en muchos casos, se encarga de gestionar la reparación. Sin embargo, en vehículos de mayor tamaño, como camiones y unidades de servicio público, es común que los propietarios opten por recibir dinero y gestionar por su cuenta las reparaciones para acelerar el retorno a circulación. Expertos indican que la rapidez en el pago, con un proceso que no supera las dos semanas, distingue a las aseguradoras en este proceso. La creciente recurrencia de esta práctica evidencia un cambio en la valoración de daños y la estrategia de las compañías en un mercado automotriz en constante transformación, afectado también por las fluctuaciones en el costo de las piezas y las condiciones del mercado de reparaciones.
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