El robo a unidades pesadas, que casi se detuvo durante la pandemia, se ha incrementado en los últimos años, afectando al sector logístico y asegurador. Durante la pandemia de COVID-19, la clandestinidad en las carreteras mexicanas provocó una notable disminución en el robo a transporte de carga, alcanzando una reducción cercana al 13 por ciento entre 2020 y 2021. Sin embargo, con la recuperación económica iniciada en 2022, estas actividades delictivas resurgieron con intensidad, registrando un aumento acumulado del 33 por ciento hasta mediados de 2025. Esta tendencia obedece en parte a la mayor circulación de vehículos y a una carencia de esfuerzos efectivos por parte de las autoridades para frenar estas conductas ilícitas. El análisis de cifras de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros revela que, en ese periodo, los estados con mayor incidencia de robos concentran aproximadamente el 75 por ciento del total nacional de unidades sustraídas. Las entidades que lideran la lista son Estado de México, Puebla, Guanajuato y Veracruz, donde el problema se combina con una baja en las unidades recuperadas, llevando a pérdidas millonarias para empresas y aseguradoras. Además del incremento en los robos, la recuperación de unidades ha disminuido de un 67 por ciento en 2021 a apenas un 57 por ciento en los años recientes, dejando un saldo de más unidades hurtadas y menos recuperadas, lo que multiplica el impacto económico. Los delitos con violencia, como asaltos y disparos, también han aumentado, generando un clima de inseguridad en el sector del transporte. En los últimos 12 meses, reportes desde varias regiones del país evidencian la continuidad de esta problemática, afectando específicamente a las áreas metropolitanas y principales corredores de mercancías. La vulnerabilidad, combinada con la escasa respuesta policial y las dificultades para defenderse, obliga a los transportistas a trabajar bajo condiciones de riesgo extremo, con un costo anual que supera los 5 m
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