El gobierno y la industria enfrentan obstáculos regulatorios, financieros y políticos para consolidar a México como plataforma farmacéutica en Norteamérica. Para finales de 2025, el sector salud en México ha mostrado progresos, pero aún enfrenta retos significativos que podrían definir su rumbo en los próximos años. Aunque se logró reducir el adeudo con la industria farmacéutica, aún persiste una deuda cercana a los siete mil millones de pesos, principalmente con pequeñas y medianas empresas. Además, procesos regulatorios atrasados en la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) dificultan la aprobación de nuevos medicamentos y reducen la competitividad internacional del país. La presión de Estados Unidos, en particular por su interés en reducir su dependencia de productores en China e India, aumenta la relevancia de mejorar estos marcos regulatorios y la claridad en las políticas públicas. Este escenario se enmarca en una estrategia más amplia: posicionar a México como un centro farmacéutico en Norteamérica. La inversión de aproximadamente 17 mil millones de pesos bajo el Plan México pretende aprovechar un mercado que, en conjunto, tiene un valor cercano a los 16 mil millones de dólares, similar al tamaño del mercado estadounidense en estados fronterizos. Sin embargo, para lograrlo, es imprescindible que las instituciones públicas alineen sus criterios con estándares internacionales, optimicen los procesos regulatorios y aseguren condiciones equitativas para la inversión privada. La generación de certeza en pagos y contratos forma parte de estos factores críticos, ya que actualmente persiste un adeudo importante que afecta la confianza de la industria farmacéutica. En este contexto, la política de salud mexicana debe dejar de lado decisiones basadas en intereses políticos para centrarse en estrategias consistentes y sostenibles. La integración de estos elementos permitirá no solo fortalecer la capacidad productiva local sino también a
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