Bragarnik enfrenta serias acusaciones de participación en operaciones sospechosas y evasión fiscal, siendo parte de un grupo de representantes que incluye a varios nombres cuestionables en el mundo del fútbol argentino. Esta situación pone de relieve la oscuridad que rodea el negocio de las transferencias de jugadores, donde muchos intermediarios colaboran con personas de distintos sectores ajenos al deporte.
En 2008, la megacausa de los “pasaportes truchos” expuso más de 300 trámites ilegales en Argentina, lo cual fue desencadenado por irregularidades en la entrega de documentos para que futbolistas pudieran acceder a jugar en Europa. Entre los acusados figuraron Jonathan Bottinelli y Gonzalo Higuaín, quienes se sumaron a una lista de 33 implicados en delitos como asociación ilícita y falsificación.
A partir de 2012, la AFIP intensificó sus controles sobre las transferencias de jugadores, lo que resultó en que muchos no pudieran jugar hasta regularizar sus situaciones fiscales. Un caso notable fue el de Emmanuel Gigliotti, cuya situación contractual generó confusión y desencadenó una investigación sobre derechos de propiedad de su pase.
En 2013, Ricardo Echegaray, en ese entonces al frente de la AFIP, advirtió que los clubes que incorporaran jugadores sin saldar su situación fiscal enfrentarían consecuencias legales. Esto ocurrió tras el aviso de que se habían registrado decenas de operaciones de jugadores hacia el exterior, de las cuales solo un pequeño porcentaje fue debidamente reportado, lo que generó inquietudes sobre las fuentes de financiamiento de clubes en deuda.
Para fines de 2014, se constató que alrededor de 150 pases se había realizado en el mercado local por cifras elevadas, aunque solo una fracción había sido registrada ante la AFIP. Esta disparidad abrió la puerta a cuestionamientos respecto a la transparencia financiera en el fútbol argentino y la responsabilidad de intermediarios y clubes en el uso de recursos.
Con información de urgente24.com

