Brasilia, Brasil. - En medio de un ambiente electoral convulso, el próximo 4 de octubre se celebrará la primera vuelta de elecciones en Brasil, donde se elegirán al presidente, gobernadores y miembros del Congreso. Escándalos de corrupción y tráfico de influencias han marcado la contienda, en la que Luiz Inácio Lula da Silva se enfrenta a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, inhabilitado hasta 2030 por abuso de poder político.
La polémica en torno a la Virgen de Aparecida ha tomado protagonismo. Entre el 24 y 25 de septiembre, surgió una noticia falsa que afirmaba que Bolsonaro pretendía excluir la figura de la Virgen como patrona de Brasil, generando una ola de alarmismo y memes en redes sociales. Lula ha explotado la situación, reforzando su imagen católica en sus mítines, incluso asegurando: “Nadie va a tocar a Nuestra Señora mientras yo sea presidente”.
A pesar de que la noticia fue desmentida, en el pasado hubo intentos similares. En 2007, el diputado Victório Galli propuso una ley para cambiar la designación de la Virgen, buscando restringir su patronazgo solo a católicos. Aunque la propuesta fue rechazada, sigue latente el deseo de algunos sectores políticos de capitalizar el creciente fervor evangélico.
La controversia también ha generado respuestas de los pastores católicos, quienes han denunciado manipulación electoral y señalado que el uso de símbolos religiosos debe ser prudente en esta contienda. Además, el Tribunal Superior Electoral ha intervenido, ordenando la eliminación de publicaciones que vinculan a Bolsonaro con propuestas de despatronización de la Virgen.
Este debate sobre la Virgen reabre la discusión sobre la laicidad y el uso electoral de símbolos religiosos, en un contexto donde se entrelazan fenómenos modernos, como el evangelismo político y la tensión entre libertad religiosa y la autonomía estatal.
Con información de quadratin.com.mx

