La selección de Cabo Verde ha logrado una hazaña al clasificarse al Mundial 2026, convirtiéndose en un símbolo de diversidad multicultural. Pese a tener una población de aproximadamente 500,000 personas en su país, más de un millón de caboverdianos residen en el extranjero, creando un equipo que representa una verdadera Babel de culturas.
Con jugadores formados en diferentes partes del mundo, las voces e idiomas se entrelazan en sus entrenamientos. Este grupo de "Tiburones Azules" combina talentos criados en los Países Bajos, donde destacan los hermanos Laros y Deroy Duarte, junto a talentos de la periferia de París, como Logan Costa y Steven Moreira, que aportan fuerza y agilidad al equipo.
La conexión con su historia y raíces es fundamental para estos atletas. Cabo Verde ha sufrido migraciones forzadas a lo largo de las décadas a causa de sequías y falta de oportunidades, llevando a muchos a establecerse en lugares con alta demanda laboral. Así, estos jóvenes futbolistas llevan consigo el orgullo de su herencia mientras juegan en el escenario más grande del fútbol mundial.
Por otro lado, la presencia de jugadores nacidos en el archipiélago también es crucial. Figuras como el portero Vozinha y el capitán Ryan Mendes son los guardianes de la cultura y tradiciones caboverdianas, que unen a los diferentes miembros del equipo bajo un mismo espíritu: la morabeza, símbolo de hospitalidad y pertenencia.
La diversidad del equipo no solo se refleja en el campo, sino también en los preparativos previos a los partidos. Mientras se reúnen, se suma a la práctica la música tradicional de Cabo Verde, creando un ambiente que trasciende las diferencias y refuerza su identidad compartida.
Con información de elespanol.com

