Factores internos y externos erosionan los compromisos ecológicos del país y del mundo En los últimos diez años, la agenda ambiental en México y a nivel mundial ha experimentado un marcado declive, tanto en el discurso como en las acciones concretas. La percepción de que los compromisos con la protección del medio ambiente se están diluyendo resulta evidente en la realidad actual, donde la prioridad por la sostenibilidad se ha visto desplazada por intereses económicos y políticos. Este proceso de deterioro ha sido impulsado por diversos factores. Uno de los más relevantes ha sido la resistencia de grandes consorcios económicos a ajustarse a los criterios de sostenibilidad y a la introducción de energías descarbonizadas. La presión de sectores vinculados a la explotación de hidrocarburos, minería y recursos naturales ha frenado avances sustantivos en políticas ecológicas, favoreciendo modelos extractivistas que priorizan las ganancias inmediatas. Asimismo, el auge de los negacionismos ha contribuido a banalizar la crisis ambiental ocasionada por actividades humanas. La difusión de discursos que niegan o minimizan el cambio climático y sus efectos ha debilitado la voluntad política para adoptar medidas urgentes. Paralelamente, los conflictos bélicos en distintas regiones del mundo han desplazado la atención y los recursos hacia la guerra, dejando en segundo plano las políticas ambientales y de protección ecológica. El ascenso de gobiernos populistas, tanto de derecha como de izquierda, ha exacerbado esta tendencia. En su afán por promover el nacionalismo y proteger intereses económicos, estos gobiernos han favorecido la explotación intensiva de hidrocarburos, minerales y otros recursos naturales, en detrimento de las políticas de conservación y sostenibilidad. La prioridad se ha centrado en potenciar la economía a corto plazo, relegando la protección del medio ambiente a un segundo plano. El presente económico, caracterizado por un pragmatismo extremo, también ha cont
