Cipolletti, Neuquén. - En 1899, la llegada del ferrocarril a Cipolletti marcó un hito crucial en el desarrollo de la región, transformando su dinámica social y económica. Este ramal ferroviario no solo facilitó el transporte de bienes y personas, sino que se convirtió en el núcleo de la vida comunitaria de esta localidad.
Desde su construcción, el ferrocarril se proyectó como un elemento vital. En junio de 1899, se inauguró la estación 1190, conocida también como Estación Limay, aunque los planes iniciales se vieron alterados por una gran inundación que afectó varios pueblos aledañas. A pesar de estos desafíos, el puente ferroviario que uniría ambas orillas se completó en 1901 y se habilitó oficialmente el 12 de julio de 1902.
El Ferrocarril del Sud reconfiguró sus estrategias, y tras identificar la actividad comercial en torno a la Estación Limay, cambió de planes. Comerciales comenzaron a establecerse en la zona, lo que dio impulso a un crecimiento urbano significativo. Este desarrollo fue acompañado por iniciativas de riego que garantizaban la producción agrícola en un territorio de escasas lluvias.
La agricultura se potenció a partir de iniciativas gubernamentales, como la construcción del dique Ballester en 1910, que permitió el inicio de un sistema de riego extenso que se extendía por 120 kilómetros. Esta práctica fue clave para el cultivo de alfalfa y, posteriormente, la producción de peras y manzanas en la región.
Con el tiempo, Cipolletti se consolidó como un centro de producción agroindustrial. En 1929, el Ferrocarril del Sud estableció una empresa empacadora que fomentó aún más el movimiento económico. Este proceso ha dejado una huella indeleble en la identidad de Cipolletti, donde la historia del ferrocarril sigue siendo un símbolo de desarrollo y progreso.
Con información de cipo360.com.ar

