El gobierno capitalino implementará un nuevo sistema de separación de basura obligatorio en hogares y comercios, con retos en su aplicación práctica. Desde 2017, las normas oficiales en la Ciudad de México establecían la obligación de separar los residuos en orgánicos, inorgánicos reciclables y no reciclables; sin embargo, su cumplimiento ha sido mínimo debido a la falta de mecanismos efectivos y campañas de información. La realidad en las calles revela que la mayoría de los habitantes continúa depositando sus desechos sin diferenciación, en parte por la poca cultura de separación y la percepción de falta de sanciones. Este escenario presenta un desafío importante para las autoridades, que buscan impulsar un cambio en la gestión de residuos mediante una nueva estrategia que comenzará a aplicarse en enero de 2026. La iniciativa contempla la recolección diferenciada en días específicos según el tipo de residuo y una inversión en infraestructura para aumentar la capacidad de reciclaje y tratamiento de basura, promoviendo la economía circular y reducción en el impacto ambiental. La transición dependerá en gran medida de convencer y educar a la población, además del compromiso de los trabajadores del servicio de limpia, quienes enfrentan dificultades para hacer cumplir la norma en un entorno de bajo nivel de colaboración ciudadana. Este esfuerzo responde a una necesidad apremiante de reducir la cantidad de desechos que terminan en rellenos sanitarios y promover prácticas sostenibles en la capital, que enfrenta el reto de transformar sus sistemas de manejo de residuos para lograr una ciudad más limpia y responsable.
