La tensión interna crece tras los resultados electorales, con voces que cuestionan la influencia de De la Sota y analizan el valor del voto opositor del kirchnerismo. En el clima de confrontación que prevalece en el peronismo de Córdoba tras las elecciones recientes, surgen debates sobre la estrategia a seguir y las posibles alianzas futuras. Algunos dirigentes consideran que la presencia política de José De la Sota, quien obtuvo una alta cantidad de votos en los comicios, no justifica una unión automática, ya que los datos muestran que los votos del kirchnerismo duro representan un segmento distinto del electorado. Los números electorales indican que en 2021, la exgobernadora Alejandra Vigo sumó más de 490 mil votos, mientras que en la actualidad, la coalición de Schiaretti alcanzó más de 549 mil votos, con un aumento significativo. La participación del kirchnerismo en la arena electoral, con cerca de 98 mil votos en 2021 y menos de 100 mil en los comicios recientes, también revela cómo las preferencias se han redistribuido. Este escenario evidencia que Natalia de la Sota, con 170 mil votos, representa un sector opositor del peronismo que no necesariamente debe alinearse con De la Sota, dado que su base electoral parece diferenciarse claramente del kirchnerismo, que mantiene un respaldo moderado. La comparación con elecciones anteriores muestra que, en 2013, Martín Llaryora logró una cantidad cercana a los 130 mil votos en una Paso, lo que le permitió avanzar en su carrera política y convertirse en vicegobernador. Sin embargo, algunos analistas advierten que actuales cálculos electorales sugieren que la influencia de ciertos votantes no es tan predecible como en el pasado, lo que complica decisiones estratégicas para las distintas facciones del peronismo provincial. Este contexto refleja la complejidad que enfrenta el peronismo cordobés, en un momento de fragmentación y distintas interpretaciones sobre el valor de alianzas con figuras del pasado político, particula
