La llegada de Ariadna Montiel como presidenta de MORENA ha suscitado interrogantes sobre su compromiso con la lucha contra la corrupción. En su toma de posesión, Montiel afirmó que “los corruptos no tienen cabida” en visión del partido, lo que plantea la necesidad de acciones concretas para respaldar sus palabras.
Históricamente, el país ha estado afectado por un sistema político que favorece la impunidad y el enriquecimiento ilícito. A pesar de la percepción de un cambio hacia la transparencia durante la administración de Enrique Peña Nieto, las prácticas de asignaciones directas de contratos han regresado, lo que alimenta la corrupción y la lealtad ciega al poder.
La corrupción no es solo un problema de individuos, sino de un marco institucional que ha facilitado el abuso. Los líderes políticos a menudo son vulnerables a la justicia, lo que les convierte en cómplices del sistema, mientras que aquellos con una conciencia limpia pueden actuar como auténticos opositores.
Bajo el gobierno actual, la falta de escrutinio público en las asignaciones de obras ha generado dudas sobre el manejo de recursos. La administración sostiene la percepción de que se vive en un entorno democrático, pero, al mismo tiempo, fortalece un sistema corruptor que ha existido desde la Revolución Mexicana.
La lucha contra este sistema requiere no solo voluntad política, sino también un cambio cultural en la forma en que los ciudadanos y los funcionarios públicos perciben la responsabilidad y la rendición de cuentas. Fortalecer las instituciones y erradicar la impunidad son pasos necesarios para construir un futuro más transparente en México.
Con información de eluniversal.com.mx

