La participación en fiestas de fin de año afecta las oportunidades profesionales de las mujeres, generando exclusión y brecha salarial. Las reuniones sociales en el entorno laboral, especialmente en épocas como la temporada de fin de año, representan un espacio donde se consolidan relaciones, decisiones de carrera y oportunidades de crecimiento. Sin embargo, para muchas mujeres en México, estas clases de eventos también implican riesgos y obstáculos que afectan su desarrollo profesional y económico. Numerosos estudios evidencian que una gran proporción de decisiones clave en el trabajo, como promociones y asignación de proyectos, se toman fuera del horario laboral formal, en encuentros informales. Cuando las mujeres optan por no asistir a estas reuniones por motivos de seguridad, evitan también espacios donde podrían establecer conexiones importantes, llevando a percepciones de menor compromiso o sociabilidad. Esto, a largo plazo, limita sus posibilidades de ascenso, participación en mentorías y mayor remuneración, agravando la brecha salarial de género en el país, que ya alcanza el 16%. El problema va más allá del contexto nacional y refleja una tendencia global. En Europa y Australia, cifras similares revelan que una parte significativa de las mujeres experimenta acoso sexual en estos eventos, muchas veces asociados a alcohol y alcoholismo. Estos espacios, aunque se presentan como de camaradería, se convierten con frecuencia en extensiones no oficiales del trabajo donde el abuso de poder y la exclusión se fortalecen. El impacto para las organizaciones también es severo, pues el ambiente laboral hostil conlleva altos costos en rotación de personal, sanciones legales y pérdida de productividad. Estudios internacionales señalan que las empresas con mayores índices de acoso enfrentan mayores gastos en reclutamiento y litigios, además de un deterioro en la cultura institucional. Frente a esto, el combate a estas prácticas se vuelve una prioridad para promover ambientes
