La suspensión del muelle en Cozumel señala desafíos ambientales y políticos que podrían afectar su competitividad en el turismo de cruceros en el Caribe. El crecimiento proyectado en la industria de cruceros en el Caribe requiere que los puertos de la región modernicen sus instalaciones. En este contexto, Cozumel planificó en 2020 la construcción de un nuevo muelle diseñado para recibir los mega barcos del futuro, con una inversión superior a los 2,000 millones de pesos. Sin embargo, el proyecto ha sido suspendido en espera de que las condiciones ambientales sean favorables y de que se resuelva la autorización de impacto ambiental, que se otorgó inicialmente en diciembre de 2021. La reactivación del proceso se vio marcada por críticas de grupos ecologistas que señalaron la existencia de un arrecife artificial que, tras investigaciones oficiales, no tiene respaldo científico ni registros oficiales. Además, organizaciones ambientalistas han solicitado nuevamente la suspensión del proyecto, aunque expertos consideran que estas solicitudes no tienen fundamento legal suficiente para detenerlo. A nivel político, legisladores del Partido Verde y otras figuras públicas han expresado su oposición, alegando irregularidades en permisos y promoviendo la pausa del proyecto. La participación de empresas, como Sand Dollar Sports, que busca ofrecer experiencias turísticas en la zona y ha apoyado a grupos en contra del muelle, ha intensificado la controversia. Mientras tanto, destinos como Honduras, Belice y Gran Bahama avanzan en la construcción de infraestructura moderna para acoger barcos cada vez más grandes, lo que les brinda ventajas competitivas. La infraestructura actual de Cozumel, con terminales y muelles insuficientes para barcos de más de 360 metros, podría perder atractivo para las navieras si no se realiza una actualización. La falta de un muelle adecuado podría derivar en que las principales operadoras reubicaran sus rutas hacia puertos más preparados, poniendo en rie
