La crisis en Cuba se agrava, afectando a las familias y generando protestas en respuesta al desabastecimiento. La grave crisis en Cuba, marcada por la falta de combustible, se refleja en la vida de un anciano que se ganaba la vida rellenando encendedores desechables. Su historia se entrelaza con la protesta de activistas y familiares de presos políticos en La Habana, quienes denuncian la difícil situación que enfrentan. Las gasolineras vacías y la falta de gasolina fuerzan a los ciudadanos a recurrir a grupos de Telegram para organizarse ante la escasez. Este contexto resalta las penurias de la población cubana y la opacidad del gobierno en cuanto a la ayuda humanitaria enviada desde México, planteando interrogantes sobre la verdadera naturaleza de esta asistencia.
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