A pesar de las aparentes mejoras en hospitales, el sistema de salud enfrenta un grave problema de suministros y estructuras deficientes, evidenciando una brecha entre infraestructura y promesas oficiales. El sistema de salud en México continúa enfrentando una crisis persistente de desabasto, que evidencian las contrastantes escenas en hospitales públicos. Mientras algunas instituciones muestran anaqueles llenos en eventos políticos, la realidad diaria revela una grave escasez de medicamentos y recursos esenciales. Desde la cancelación de compras consolidadas y la centralización en la autoridad financiera, hasta la improvisación en la gestión, los esfuerzos por garantizar el abasto han sido insuficientes durante años. Históricamente, antes de 2019, la cobertura de medicamentos en instituciones federales alcanzaba casi el 98%. Sin embargo, las crecientes fallas en la logística, la adopción de modelos fallidos y la falta de inversión afectaron severamente la estabilidad del sistema, provocando que familias y hospitales tengan que comprar insumos por su cuenta. La infraestructura sanitaria tampoco ha mejorado considerablemente: hospitales incompletos, equipos obsoletos y personal saturado contribuyen al aumento en la mortalidad evitables. A diferencia de lo que muestran las apariencias en algunos eventos políticos, la realidad revela un sistema fragmentado y poco fiable. La narrativa oficial busca repetir que los problemas están en vías de solución, pero en la práctica, el desabasto sigue siendo una problemática urgente y palpable. La solución requiere reconocer errores, evitar la propaganda y garantizar recursos adecuados, si se quiere ofrecer un sistema de salud confiable y efectivo. Solo así será posible cerrar la brecha entre las promesas y la realidad del acceso a la salud en México. Como contexto, el estancamiento en la inversión en salud, menor al 3% del Producto Interno Bruto, ha perpetuado este estado de crisis. La adaptación de modelos sostenibles y transparen
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