La campaña electoral del PSOE andaluz se despide con una atmósfera de apatía y resignación. La sensación entre los militantes del partido, más allá del círculo cercano de María Jesús Montero, es que no hay expectativas de recuperarse en las elecciones. A pesar de que Montero se presenta con un discurso optimista, muchos temen que el partido no logre superar su actual situación de 30 escaños en el Parlamento.
La crítica hacia Montero no solo se centra en su candidatura, sino también en la falta de una estrategia clara. Miembros antiguos del partido señalan que no hay la misma cohesión y disciplina que en campañas anteriores. Algunos han comparado la campaña con una orquesta sin director, donde cada provincia actúa de manera aislada en lugar de trabajar en una dirección común.
El desánimo se ha intensificado tras comentarios desafortunados de Montero, que unieron un accidente trágico con la gestión política, lo que ha conducido a críticas internas. Además, la desconexión con sectores profesionales clave, como docentes y sanitarios, ha hecho que muchos en el partido cuestionen la eficacia de la estrategia actual. La reciente evolución de estos votantes también ha contribuido a las preocupaciones sobre el éxito electoral de Montero.
La pregunta que todos se hacen es qué pasará tras la noche electoral. Algunos afirman que un resultado inferior a 30 escaños significaría el fin de la carrera política de Montero. Por otro lado, hay quienes creen que, independientemente del resultado, debe permanecer para liderar la oposición. Sin embargo, la incertidumbre es palpable y el partido ya comienza a prepararse para el día siguiente a las elecciones, donde las decisiones cruciales marcarán su futuro en Andalucía.
Con información de abc.es

