La desaparición de Alejandro Correa Gómez, exmandatario local, se suma a la creciente violencia y ola de inseguridad que afectan la región. En un contexto de creciente violencia, la desaparición del exalcalde de Zinapécuaro, Alejandro Correa Gómez, marca una intensificación de la crisis de seguridad en Michoacán. Correa Gómez, de 41 años, fue reportado como desaparecido en las primeras horas del domingo 2 de noviembre en Tierras Coloradas, una localidad del municipio de Hidalgo, tras haber sido visto por última vez en la madrugada. La Fiscalía estatal ha descrito sus características físicas, incluyendo cicatrices y tatuajes distintivos, con el fin de facilitar su reconocimiento por parte de la población. Este hecho se produce en medio de un panorama marcado por episodios recientes de violencia que han sacudido a diferentes municipios del estado. La ejecución del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, quien fue asesinado en un acto público, generó una gran conmoción y reafirma los riesgos que enfrentan las autoridades locales en un escenario dominado por enfrentamientos entre grupos criminales. Además, se han registrado ataques contra familiares de líderes comunitarios y homicidios de figuras relacionadas con sectores agrícolas y políticos, lo que refleja la persistente inseguridad en la entidad. Michoacán enfrenta una rivalidad territorial entre organizaciones criminales poderosas, como el Cártel Jalisco Nueva Generación y Cárteles Unidos, que ha derivado en una escalada de homicidios y desapariciones. Con más de mil homicidios en lo que va del 2025 y más de 600 personas reportadas como desaparecidas, la situación exige atención urgente. La desaparición de exfuncionarios con vínculos políticos, como Correa Gómez, profundiza la sensación de vulnerabilidad en un estado que lleva años enfrentando conflictos armados, extorsiones y amenazas que impactan directamente en la seguridad ciudadana y la gobernabilidad.
