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La carga del trabajo no remunerado profundiza la pobreza feminil en México

La carga de trabajo no remunerado empobrece más a las mujeres mexicanas, limitando su ingreso y participación laboral, según análisis recientes.

Por Redacción1 min de lectura
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La desigualdad de género en los ingresos y labores de cuidado afecta principalmente a las mujeres, quienes enfrentan mayores niveles de pobreza y vulnerabilidad. La distribución desigual del trabajo de cuidados y su impacto en la economía femenina continúan siendo una problemática vigente en México. Las estadísticas recientes muestran que, a medida que las mujeres dedican más tiempo a tareas domésticas y de crianza, su situación de pobreza aumenta en comparación con la de los hombres. Aunque en 2024 se observó una disminución general en los niveles de pobreza, las mujeres siguen registrando indicadores más altos en pobreza moderada y extrema, especialmente aquellas que dedican largas horas al trabajo no remunerado. El trabajo de cuidados no remunerado concentra en su mayor parte en las mujeres, lo que limita su acceso a oportunidades laborales formales con ingresos dignos y horarios flexibles. La falta de infraestructura adecuada, como guarderías y centros de atención, también limita su participación en el mercado laboral. Esto genera que, incluso cuando las mujeres trabajan fuera de casa, perciban salarios menores o tengan empleos informales. En edades adultas, la brecha salarial aumenta; una mujer entre 20 y 29 años gana en promedio un 26% menos que un hombre de la misma edad, y esta diferencia se acentúa en grupos mayores. Además, el nivel de educación y el número de hijos influyen en los ingresos femeninos. Mujeres sin hijos tienen ingresos promedio de 8,600 pesos mensuales, frente a 5,700 pesos en aquellas con cuatro o más hijos. Por su parte, los hombres con múltiples hijos pueden ganar incluso más, evidenciando un patrón de desigualdad que requiere atención urgente. Reconocer que la carga del trabajo de cuidados afecta de manera significativa la economía femenina es el primer paso para impulsar políticas que promuevan una redistribución más equitativa y el acceso a servicios de apoyo para las cuidadoras.

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