Más de 3,500 trabajadores operaban con esfuerzo para desmontar los escenarios utilizados durante la reciente visita del Papa a Madrid. La misa, celebrada ante más de un millón de fieles, y la Vigilia en la Plaza de Lima, dejaron una huella significativa en la ciudad. A menos de un día del evento, las estructuras empiezan a desvanecerse, aunque el altar principal aún permanece visible.
Durante el proceso de desmontaje, que ha requerido coordinar múltiples operaciones logísticas, se han retirado las torres de sonido y pantallas, así como miles de vallas que marcaron las rutas del evento. El retorno a la normalidad ha sido asombrosamente rápido, a pesar de la magnitud del evento, con el tráfico en la capital fluyendo de manera más ágil.
Mariano Rodríguez, director de producción, destacó la magnitud del reto logístico, indicando que nunca antes se había realizado un montaje de tal envergadura en tan poco tiempo. La cobertura de superficie para ambos eventos fue extensa, abarcando áreas clave de la ciudad. La planificación y la ejecución han sido llevadas a cabo de manera eficiente, permitiendo un regreso veloz a la rutina.
Las repercusiones no solo se sienten en la movilidad, sino también en el comercio local. Muchos puestos de souvenirs han reportado baja en ventas debido a la disminución del flujo turístico, a pesar de que las calles muestran signos de normalidad rápidamente. Sin embargo, la experiencia de los eventos pasados ha dejado un impacto perdurable en la comunidad.
El desmontaje total está programado para completarse en las próximas horas, lo que permitirá a los residentes y visitantes disfrutar nuevamente de la dinámica habitual de la ciudad. La capacidad de Madrid para adaptarse y recuperar su energía es evidente, dejando lecciones sobre la organización de grandes eventos en áreas urbanas.
Con información de abc.es

