El saldo financiero del país alcanzará niveles históricos en 2026, impulsado por gastos elevados y menor ingreso petrolero, afectando la estabilidad fiscal. La deuda pública de México está en camino de superar los 20 billones de pesos en 2026, evidenciando un crecimiento acelerado en referencia a los niveles históricos alcanzados en años anteriores. Este incremento es resultado de un gasto público que supera los ingresos del país, junto con obligaciones como pagos de intereses, pensiones y transferencias estatales. La disminución en los ingresos petroleros y la constante necesidad de financiamiento para apoyo a Pemex han contribuido a esta tendencia. Expertos en finanzas advierten que, ante una economía que promete crecer solo entre 1.8 y 2.8 por ciento en 2026, el costo de servicio de esta deuda aumentará, agravando la presión sobre los recursos destinados a programas sociales y pensiones. Para el próximo año, el costo financiero se proyecta en 1.3 billones de pesos, una cifra que se acerca peligrosamente a los requerimientos totales de financiamiento del sector público, lo que significa que se está pagando deuda con nueva deuda. La falta de inversión efectiva con los recursos obtenidos también limita la sostenibilidad de estos niveles, generando inquietudes sobre la estabilidad fiscal a largo plazo. Pese a las políticas de reducir el déficit fiscal, las presiones en el gasto social y las metas de crecimiento considerados optimistas dificultan el cumplimiento de los objetivos planteados. Por ello, las autoridades mexicanas prevén que la consolidación fiscal sea gradual, proyectando una reducción del déficit a 3 por ciento del PIB hacia 2028, con un análisis constante del riesgo de sobreendeudamiento.
