La caída en la tasa de natalidad, combinada con el envejecimiento poblacional, genera desafíos sociales y económicos que exigen cambios en políticas públicas y laborales. La tendencia a la baja en las tasas de natalidad en México ha generado preocupación en diversos sectores, ya que su evolución podría transformar la estructura demográfica del país en las próximas décadas. La disminución en el número de nacimientos, que se ha observado desde la década de los setenta, ahora se combina con un aumento en la esperanza de vida, lo que conlleva a una población que envejece progresivamente. Este cambio estructural podría sobrecargar los sistemas de pensiones y reducir la fuerza laboral activa, afectando el crecimiento económico. Este fenómeno también tiene implicaciones sociales significativas, principalmente en la carga de trabajo que recae en las mujeres para el cuidado de familiares. La falta de un sistema de apoyo integral ha llevado a que muchas mujeres enfrenten obstáculos para su desarrollo profesional y económico, lo que refuerza la necesidad de reformar las políticas públicas y laborales en el país. Expertos coinciden en que es crucial implementar medidas que faciliten la crianza y eviten que este peso sea solo responsabilidad femenina. Históricamente, la tasa de fertilidad alcanzó su pico en los años setenta, con aproximadamente 6.8 hijos por mujer, cuando las intervenciones gubernamentales promovieron el control natal y la planificación familiar. En la actualidad, el promedio ha bajado a 1.6 hijos por mujer, cifra que se ha estabilizado en los últimos años, aunque sin medidas de control similares a las del pasado. Destaca el avance en la disminución del embarazo adolescente, lograda en parte por la estrategia nacional que, entre 2018 y 2023, redujo en un 30% los embarazos en menores de edad. Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que la reducción en la natalidad explicaba fenómenos como la menor matrícula escolar, aclarando que en realidad no hay
