El término "chairo" ha evolucionado en el contexto político mexicano. Originalmente utilizado de forma despectiva para referirse a aquellos fanáticos de ideologías de izquierda, ha encontrado un nuevo significado en medio del gobierno de Morena, donde se usa para denunciar a críticos y opositores.
Se caracteriza por una lealtad ciega hacia un ideario político, combinado con una falta de objetividad en su análisis. A través de redes sociales, militantes han defendido posturas del gobierno pese a la evidencia de escándalos y corrupción, aferrándose a una narrativa que ignora la realidad.
Este fenómeno no es exclusivo de individuos; abarca a sectores enteros, desde académicos hasta comunicadores. Los medios han mostrado una tendencia a cambiar posturas en función de las exigencias del poder, como se evidenció recientemente cuando algunos de ellos negaron la existencia de atrocidades en el denominado "rancho del exterminio" en Teuchitlán, Jalisco.
El rechazo a la crítica y la manipulación de hechos son características notorias de este fenómeno. La respuesta de ciertos comunicadores fue desmentir verdades evidentes y presentar un discurso que favorece al gobierno actual. Este comportamiento ha erosionado la confianza en la prensa y ha generado un clima de polarización en el debate público.
A medida que estos patrones se perpetúan, la pregunta persiste: ¿cómo afectará esta doble moral en la percepción pública de las instituciones y los medios de comunicación en el futuro?
Con información de zocalo.com.mx

