La producción del refresco mexicano está en manos de distintas empresas, generando versiones diferentes en el mercado local, mientras su popularidad trasciende fronteras. Desde su creación en 1950 en la Ciudad de México, Jarritos se consolidó rápidamente como un ícono de la cultura popular mexicana, gracias a sabores tradicionales y a un diseño que remite a las antiguas vasijas de barro. Su historia cambió en 1983 cuando la Embotelladora Mexicana, S.A. de C.V., adquirió los derechos de producción, estableciendo un control local sobre la marca en el país. Sin embargo, en regiones específicas, también se produce bajo licencia de Grupo GEPP, la embotelladora de PepsiCo en México, que adquirió la franquicia en 2011 para ciertos territorios. La diferencia visual entre ambas versiones radica en el diseño del logo y la etiqueta, permitiendo a los consumidores distinguir qué versión están comprando. A nivel internacional, la marca es gestionada por Novamex, la compañía fundada por los descendientes de la familia Hill, que ha impulsado la difusión mundial del refresco. Gracias a esta estructura, Jarritos mantiene su identidad como una bebida representativa de México, a la vez que se adapta a las regulaciones y mercados locales. La presencia global del producto abarca países en Norteamérica, Europa, Asia y Oceanía, con una oferta de sabores más amplia que la disponible en México. La coexistencia de diferentes operadores ha permitido que la marca conserve su vigencia, diversificando su producción sin perder su esencia cultural.
