Ciudad de México. – La economía mexicana enfrenta un panorama de estancamiento severo desde 2019, marcado por un déficit fiscal creciente y un preocupante aumento de las carencias sociales, a pesar de los subsidios gubernamentales. El Producto Interno Bruto (PIB) mexicano ha mostrado un crecimiento raquítico, desacoplándose del dinamismo de Estados Unidos y siendo superado por economías latinoamericanas que antes eran menos prósperas. El análisis detalla que la economía se contrajo 0.2% en 2019, para luego caer casi 6% en 2020 debido a la pandemia y un manejo económico y de salud pública calificado como deficiente. El rebote posterior ha sido débil, proyectando un crecimiento de apenas 1.2% para 2024 y cercano a cero o unas pocas décimas para 2025. En comparación, la economía norteamericana aumentó su PIB en 18% entre 2019 y 2025. El crecimiento anual promedio de México en este periodo se estima en un bajo 0.85%, resultando en un acumulado de solo 5.1%. Con un aumento poblacional del 5%, el ingreso per cápita real se mantiene virtualmente estancado. Las causas de esta desaceleración se atribuyen a políticas regresivas y estatistas en el sector energético, acoso fiscal a empresas, eliminación de organismos autónomos, captura de la autoridad electoral, y un manejo cuestionable del Poder Judicial. A esto se suma un populismo exacerbado a través de subsidios clientelares, pensiones que acaparan la cuarta parte del gasto público, proyectos improductivos militarizados y subsidios a Pemex . La inversión pública en infraestructura y servicios se ha reducido drásticamente, anticipando un desplome de casi 30% para 2025. La inversión privada también ha disminuido por la incertidumbre política y jurídica, colapsando el sector construcción. En el frente fiscal, el gasto público improductivo se encuentra desbocado, llevando al Estado mexicano a depender de financiamiento externo. El servicio de la deuda se acerca a 1.5 billones de pesos y aumenta anualmente. El déficit público al
