Tras décadas de políticas que priorizaron el mercado, nuevas estrategias sociales están transformando la economía y reduciendo desigualdades en el país. Durante el mandato de la Cuarta Transformación, México ha comenzado a cuestionar las ideas que durante más de 30 años marcaron las políticas económicas del país. La creencia en que favorecer automáticamente el mercado beneficiaría a todos ha sido revaluada a partir de resultados tangibles en indicadores sociales y económicos. La inversión extranjera, que en los últimos años ha alcanzado récords, refleja una mayor confianza en las políticas de regulación y apoyo social. Además, el aumento de salarios ha contribuido a disminuir la pobreza, en contraste con las ideas tradicionales que aseguraban que elevar el pago a los trabajadores perjudicaría la competitividad. La implementación de programas sociales universales ha ayudado a poblaciones vulnerables, promoviendo dignidad y desarrollo, en lugar de promover solo el discurso de la autosuficiencia. En este contexto, es fundamental reconocer que priorizar a la ciudadanía antes que al mercado resulta esencial para un crecimiento equitativo y sostenible, reafirmando que las políticas centradas en el bienestar colectivo generan beneficios duraderos para todo el país.
