Expertos señalan que mejorar la distribución y focalización de las apoyos potenciará el impacto en los hogares más vulnerables, afrontando desafíos históricos en el país. México enfrenta la oportunidad de potenciar el impacto de sus programas sociales si logra ajustar su estrategia de distribución. Aunque el presupuesto destinado a las ayudas aumentó considerablemente en los últimos años, pasando de aproximadamente 150 mil millones a 700 mil millones de pesos, los resultados en la reducción de la pobreza extrema han sido limitados. La clave radica en que los apoyos no alcanzan de manera equitativa a quienes más los necesitan. Desde la perspectiva de expertos en desigualdad social, la universalización de los programas no implica automáticamente mayor ayuda para los hogares en mayor pobreza. La eliminación de esquemas focalizados, como el programa Prospera, redujo la cobertura en las zonas más pobres, entre ellas aquellos estados con altas tasas de pobreza extrema, como Chiapas y Oaxaca. Para revertir esta tendencia, es fundamental que las transferencias se dirijan con mayor precisión a quienes enfrentan condiciones más vulnerables. La distribución más estratégica de recursos no solo aumentaría la cobertura en las comunidades más desfavorecidas, sino que también permitiría un impacto más tangible en la disminución de la pobreza. La experiencia demuestra que fortalecer y mantener programas específicos, en lugar de una universalización sin discernimiento, puede ser la vía para avanzar en el combate a la pobreza extrema y moderada en el país. La oportunidad está sobre la mesa: implementar una estrategia focalizada y equitativa en la entrega de apoyos sociales puede marcar la diferencia en la vida de millones de mexicanos.
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