La política en México presenta una situación disruptiva: el partido en el poder, Morena, es dominante, mientras que la oposición enfrenta graves desafíos. Aunque Claudia Sheinbaum cuenta con niveles de aprobación elevados, se encuentra ante un dilema serio con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que ha puesto en jaque su estrategia de diálogo y respuesta.
Durante semanas, el magisterio ha transformado el inicio del Mundial en un conflicto político, obligando al gobierno a reconsiderar su postura y abrir la puerta a una consulta nacional. Sin embargo, este contexto no ha sido capitalizado por la oposición, que parece haberse sumido en una postura de observación y crítica, sin proponer alternativas claras.
Por otro lado, en Sinaloa, los problemas de seguridad han comenzado a desdibujar la imagen que Morena ha proyectado sobre el orden y la estabilidad. La atención sobre Rubén Rocha Moya, gobernador del estado, refleja la fragilidad de la narrativa oficial. En este ambiente, cualquier partido opositor podría encontrar una oportunidad, pero persisten los rostros del pasado que desconfian a los electores.
Alejandro Moreno, líder del PRI, se convierte en un símbolo de esta contradicción: aunque es uno de los críticos más férreos de Morena, su partido sigue siendo percibido como poco viable por muchas personas. Aunque el PRI ha tenido ciertos triunfos regionales, la percepción negativa de su liderazgo obstaculiza cualquier esfuerzo por generar credibilidad ante el electorado.
La lección clave es que la oposición no solo debe esperar que los errores de Morena le sirvan en su beneficio, sino que debe construir propuestas para recuperar la confianza de los ciudadanos. De lo contrario, corre el riesgo de que, al llegar el desgaste del gobierno, no logre aprovechar la situación, condenando a México a una democracia donde prevalezca la flojera política.
Con información de nvinoticias.com

