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A 37 años del huracán Gilberto: la tragedia que marcó Monterrey

Hace 37 años, el huracán Gilberto de categoría cinco causó una de las mayores tragedias en Monterrey y llevó a importantes cambios en las políticas de prevención.

Por Redacción2 min de lectura
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El paso del huracán de categoría cinco en 1988 dejó daños irreversibles en Monterrey, impulsando cambios en las políticas de prevención y respuesta a desastres. Hace más de tres décadas, Monterrey enfrentó uno de sus desastres naturales más devastadores cuando el huracán Gilberto azotó la región en septiembre de 1988. Clasificado como un fenómeno de categoría cinco, Gilberto generó lluvias intensas que superaron los 370 milímetros en solo 48 horas, provocando inundaciones catastróficas en la ciudad y áreas rurales cercanas. El evento dejó un saldo trágico y marcado en la memoria colectiva, con cifras oficiales que reportaron más de 200 muertes, centenares de desaparecidos y aproximadamente 300 mil afectados en la población. Sin embargo, testimonios posteriores sugieren que las pérdidas humanas pudieron haber alcanzado entre 2,000 y 3,000 habitantes, debido a que muchas comunidades rurales quedaron completamente arrasadas sin registros. Las calles emblemáticas como Constitución y Morones Prieto se transformaron en ríos, y la zona de Miravalle fue particularmente azotada, con cauces que arrastraron autobuses y automóviles, dejando cuerpos sin recuperar. La tragedia también cobró la vida de los equipos de rescate, entre ellos el comandante César Cortés y otros agentes de emergencia que no lograron salir con vida. El fenómeno dejó destrucción en infraestructura: puentes colapsados, viviendas arrasadas y calles principales inutilizadas por semanas. Los daños materiales se estimaron en aquel entonces en aproximadamente 200 millones de pesos, una cifra significativa para la época. En respuesta, las autoridades reforzaron los protocolos en emergencias y proyectos como la presa Rompepicos surgieron en un esfuerzo por prevenir inundaciones similares en el futuro. La experiencia con Gilberto transformó las políticas públicas en materia de gestión de riesgos en la región, poniendo en evidencia la necesidad de prepararse para fenómenos naturales extremos. Hoy, el recuerdo de Gil

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