Garantizar una alimentación adecuada en niños prematuros es crucial para reducir riesgos de complicaciones y promover su crecimiento saludable. La alimentación de los recién nacidos prematuros se considera uno de los aspectos más determinantes para su supervivencia y correcto desarrollo. Los bebés que nacen antes de completar las 37 semanas de gestación tienen órganos inmaduros, lo que incrementa su vulnerabilidad ante infecciones, problemas respiratorios y dificultades en la alimentación. La nutrición temprana adecuada favorece no solo su crecimiento físico, sino también el desarrollo cerebral y la maduración inmunológica, aspectos esenciales para su bienestar a largo plazo. En los primeros días de vida, muchas veces es necesario acudir a técnicas como la nutrición parenteral, que permite suministrar los nutrientes vitales vía intravenosa mientras el sistema digestivo del bebé madura. Este método garantiza un aporte equilibrado de líquidos, proteínas, vitaminas y minerales, facilitando un crecimiento óptimo y reduciendo la estancia hospitalaria. Sin embargo, en diversas regiones, el acceso a estos servicios todavía presenta obstáculos, debido a limitaciones en infraestructura sanitaria, diferencias socioeconómicas y la escasez de suministros médicos especializados. A la luz de estos desafíos, especialistas recomiendan fortalecer los sistemas de salud y mejorar la capacitación de los profesionales para brindar una atención especializada a estos pequeños. Además, la participación activa y el apoyo emocional de los cuidadores también influyen significativamente en su desarrollo neurológico y en el establecimiento de hábitos alimenticios adecuados. La implementación de políticas públicas que promuevan la salud materno-infantil y el acceso a servicios de alta especialización resulta vital para disminuir la mortalidad infantil y evitar daños cerebrales o físicos irreversibles en estos niños. El compromiso social y gubernamental con la salud infantil, especialmente en con
