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Impuestos al pecado en México buscan recaudar sin impacto en salud

México impulsa gravámenes a refrescos, tabaco y videojuegos en 2026, buscando recaudar fondos sin evidencia clara de impacto en la salud pública.

Por Redacción2 min de lectura
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La estrategia tributaria impulsada por el gobierno incrementa gravámenes en productos como refrescos, tabaco y videojuegos, sin evidencias claras de mejorar la salud pública. En el escenario fiscal de México, la propuesta para 2026 contempla elevar los impuestos especiales sobre productos considerados nocivos, como refrescos, bebidas ultraprocesadas, tabaco, apuestas y videojuegos violentos. La intención oficial es potenciar la recaudación, proyectando obtener más de 142 mil millones de pesos con estos gravámenes, en línea con la promesa de financiar programas sociales y fortalecer las finanzas del país. Sin embargo, el aumento en los precios de estos bienes no ha demostrado cambios sostenidos en los hábitos de consumo, ya que la demanda suele mantenerse pese a los mayores costos. La experiencia con el impuesto a los refrescos desde 2014 señala que, si bien el costo aumenta, los consumidores continúan adquiriendo estos productos, dejando en evidencia el carácter recaudatorio por encima de la modificación de comportamientos. Asimismo, la falta de mecanismos transparentes para rastrear el destino de los recursos genera dudas sobre la verdadera finalidad de estos impuestos. La mayoría de ellos, especialmente los gravámenes a los videojuegos violentos, tienen poca relación con mejoras en la salud pública y, en cambio, pueden generar controversias jurídicas y administrativas. La comunidad científica y organismos internacionales recomiendan complementar estos mecanismos con políticas integrales que aborden las causas del sobrepeso y el tabaquismo, en lugar de confiar únicamente en alzas fiscales. Además, la propuesta incluye gravar a los edulcorantes utilizados como sustitutos del azúcar, a pesar de contar con avales de agencias regulatorias como la OMS, la EFSA y la FDA, que consideran seguros estos aditivos para facilitar dietas reducidas en calorías. Colocarlos en la misma categoría que productos ultraprocesados genera contradicciones y pone en entredicho la coherencia

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