Las Islas Canarias registran un alarmante aumento del 36% en el número de familias que dependen del Ingreso Mínimo Vital en los últimos dos años, superando las 42,000. Este aumento se da en un contexto donde oficialmente se celebra un récord histórico en el empleo, lo que pone de relieve una profunda crisis estructural en la economía del Archipiélago.
Pese a las cifras optimistas sobre la ocupación, la creación de trabajos no garantiza la mejora en la calidad de vida. La alta inflación, impulsada por la expansión monetaria y el incremento del gasto público, ha reducido el poder adquisitivo de los trabajadores canarios. Aunque los salarios nominales se mantienen, el costo de vida ha aumentado considerablemente, haciendo que el acceso a bienes y servicios básicos sea cada vez más difícil.
La situación es aún más grave por el contexto insular, que eleva los costos de transporte de mercancías. Las políticas fiscales actuales han generado un entorno donde el empleo se traduce en precariedad y dependencia del subsidio estatal, en lugar de en prosperidad. Las autoridades han optado por aumentar las ayudas, como el Ingreso Mínimo Vital, en vez de abordar la necesidad de una reforma que incentive la productividad y la inversión.
El resultado es un círculo vicioso que perpetúa el fenómeno del 'trabajador pobre'. Sin cambios significativos en las políticas fiscales y económicas, los canarios continuarán en una situación de dependencia y vulnerabilidad. La necesidad de una reducción de impuestos y una mejora en las condiciones para el crecimiento empresarial son urgentes para revertir esta preocupante tendencia.
Actualmente, las autoridades deben considerar reformas que fomenten la iniciativa privada y permitan estabilizar la economía local, asegurando que el empleo vuelva a ser sinónimo de autonomía económica para los ciudadanos.
Con información de libertaddigital.com

