Analizar las razones tras la corrupción en instituciones militares revela que factores humanos y decisiones gubernamentales contribuyen a su expansión. La presencia de corrupción en instituciones que se percibían como impenetrables, como la marina mexicana, refleja que ninguna organización está exenta de este problema. La percepción de invulnerabilidad, basada en modelos verticales y altos niveles de eficiencia, ha sido puesta en duda por recientes investigaciones que muestran cómo las personas en el interior de estas instituciones pueden sucumbir a la tentación cuando enfrentan necesidades o oportunidades. Diversos estudios en ciencias sociales explican que las motivaciones que llevan a individuos a actuar de manera corrupta son variadas. Desde necesidades básicas de subsistencia hasta aspiraciones de pertenencia o autorrealización, estas motivaciones internas y externas influyen en las decisiones de los servidores públicos y militares. Por ejemplo, un trabajador que recibe un salario insuficiente puede aceptar sobornos para sostener a su familia, mientras que otros, motivados por la ambición, buscan enriquecerse ilícitamente a pesar de contar con ingresos legítimos. En el contexto gubernamental, decisiones como la transferencia del control de aduanas a las fuerzas armadas en 2020, bajo la instrucción de fortalecer la seguridad, también han contribuido a concentrar un poder que podría facilitar prácticas corruptas. Además, la falta de fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, la principal herramienta para combatir estas conductas, ha debilitado los esfuerzos institucionales para enfrentar de manera efectiva este flagelo. Es fundamental entender que las instituciones no se corrompen solas; son las personas quienes, ante condiciones adversas o tentaciones, pueden desviar su conducta. La situación en la marina refleja un reto mayor que va más allá de las instituciones, involucrando también decisiones políticas y condiciones sociales que favorecen la prolife
