La dispersión de centros de distribución y la dependencia de transporte por pipas generan riesgos de desabasto y elevan los costos en la distribución de gasolina y Gas LP. El abastecimiento de combustibles en México enfrenta desafíos significativos derivados de la limitada infraestructura y las distancias entre los centros de distribución y las estaciones de servicio. La red de terminales de almacenamiento, tanto de Pemex como de empresas privadas, se encuentra ampliamente dispersa, especialmente en regiones como el sur, sureste y zona del Pacífico, donde no hay ductos de transporte eficientes. Esta situación aumenta la dependencia del transporte por carretera, mediante pipas y barcazas, lo que incrementa los costos logísticos y pone en riesgo la estabilidad del suministro. Además, la capacidad de inventario en los almacenes nacionales equivale a aproximadamente entre 3 y 5 días de consumo, muy por debajo del estándar internacional recomendado, lo que limita la resiliencia ante posibles interrupciones o aumentos en la demanda. La dependencia del transporte por pipas también genera vulnerabilidades, especialmente ante eventos climáticos o incidentes en la infraestructura vial. La distribución de Gas LP, aunque cuenta con unos 20 días de inventario, se ve comprometida por su alta dependencia de importaciones y la fragilidad de las redes de transporte, como lo evidenció una interrupción en Poza Rica. Expertos sugieren que una solución viable sería la creación de centros de almacenamiento satelitales, que permitan reducir costos y mejorar la distribución regional. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura y los permisos limitados para importaciones complican este panorama, obstaculizando el cumplimiento de las metas de autosuficiencia energética. La situación también refleja que los elevados costos logísticos contribuyen al incremento de los precios finales de los combustibles, afectando tanto a consumidores como al mercado en general. La combinación de esto
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