Un creciente número de firmas ya integra la IA en sus operaciones, impulsando cambios similares a los que generó el uso de Excel en los noventa, a pesar de los desafíos por su aprovechamiento efectivo. La digitalización empresarial ha experimentado una transformación profunda con la adopción de la inteligencia artificial (IA), que hoy se trata de una capa invisible que permea teléfonos inteligentes, plataformas de búsqueda, instituciones financieras y startups. La proliferación de esta tecnología ha sido comparada con el impacto que en los años 90 tuvo la popularización de Excel, ya que permite a empleados de distintos niveles manipular datos, crear contenido y realizar análisis complejos sin necesidad de conocimientos especializados. Las estadísticas evidencian la magnitud del cambio. Más del 75% de las organizaciones ya utilizan alguna forma de IA en sus procesos comerciales, un incremento respecto al 65% registrado en el año previo. Sin embargo, solo una minoría logra traducir esa implementación en beneficios financieros claros, lo que refleja aún los retos en la integración efectiva de esta tecnología. En México, más de la mitad de las empresas priorizan las soluciones automáticas basadas en IA para optimizar sus operaciones, lo que demuestra un interés significativo en aprovechar sus ventajas. A nivel global, se proyecta que el gasto en inteligencia artificial alcanzará los 307 mil millones de dólares en 2025 y que, para 2030, su impacto económico podría representar aproximadamente un 3.7% del Producto Interno Bruto mundial. No obstante, al igual que ocurrió con la difusión de Excel en los años 90, la expansión de la IA generativa conlleva desafíos, especialmente en la capacidad de aprovechar su potencial de forma sistemática y sostenida para impulsar la innovación y la productividad en las empresas.
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