La presencia de mercancía china y comerciantes del país vecino ha desplazado a los vendedores mexicanos en uno de los mercados más emblemáticos de la Ciudad de México. La Central de Abasto en Iztapalapa reemplazó en 1982 a La Merced, un mercado histórico que durante cuatro siglos fue el principal centro de comercio en la Ciudad de México. Hoy, el mercado tradicional ha sido invadido por productos chinos y comerciantes de ese país, desplazando a los vendedores mexicanos y afectando la economía local. Desde su traslado, La Merced perdió su carácter de encuentro y convivencia que la caracterizaba. Sus calles, antes llenas de aromas, colores y sonidos de comerciantes mexicanos, ahora están dominadas por mercancía importada de China. Los locales, en su mayoría bodegas y puestos, han visto cómo los precios de alquiler de sus espacios se han multiplicado, alcanzando hasta 70 mil pesos mensuales, en comparación con los 14 a 16 mil pesos que pagaban anteriormente. Este fenómeno no es exclusivo de La Merced. En diversas calles del centro de la capital, como La Moneda y Corregidora, productos chinos se ofrecen en abundancia, atrayendo a consumidores que buscan precios bajos, aunque con menor calidad. La distribución de mercancía china también se extiende a todo el país, a través de mercados informales y tianguis. El ingreso masivo de productos chinos ha desplazado a los productos mexicanos, pese a las promesas del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, de promover y fortalecer la producción nacional. La presencia de comerciantes y mercancía del país asiático plantea cuestionamientos sobre el control aduanero, la regulación del comercio y el pago de impuestos. La situación afecta directamente a los pequeños empresarios mexicanos, cuyo patrimonio y fuente de ingreso están en riesgo. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha presentado algunos lineamientos para regular los precios de la vivienda, en un contexto de gentrificación que también impacta a los merc
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