La Fiscalía de la Ciudad de México enfrenta cuestionamientos por manipular la investigación y vinculación con controversias en el Tribunal Superior. La muerte del destacado abogado David Cohen en las inmediaciones del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México ha polarizado la atención pública, revelando fallas en la investigación oficial y posibles encubrimientos. La evidencia muestra inconsistencias en las versiones oficiales del crimen, además de la ausencia de declaraciones de las personas que tuvieron contacto con Cohen el día de su fallecimiento. Se ha detectado que elementos clave, como el teléfono móvil del abogado, no han sido incorporados a la pesquisa, lo que genera dudas sobre la transparencia del proceso. El día del homicidio, Cohen buscó reunirse con Rafael Guerra, presidente del Tribunal, pero fue rechazado inicialmente y volvió en horas posteriores, dialogando con Karen Miranda, secretaria particular del magistrado. El asesinato ocurrió tras la supuesta conversación, en un momento en el que Guerra enfrenta acusaciones de corrupción y está en plena campaña por su reelección. La relación estrecha de Cohen con figuras influyentes en ese entorno añade variables a la complejidad del caso, en un contexto marcado por conflictos internos y disputas de poder. El contexto político y judicial en el Tribunal Superior de Justicia, involucrando figuras como Guerra y otros actores relevantes, sugiere que el móvil del asesinato podría estar ligado a disputas internas y presiones relacionadas con la lucha por el control del poder en esa institución. La crisis de confianza y la percepción de manipulación de la investigación disparan preocupaciones sobre la búsqueda de justicia y la influencia de intereses oscuros en un caso que, por su relevancia, merece una revisión exhaustiva y transparente. Este acontecimiento refleja la alta sensibilidad de los conflictos en el ámbito judicial y político, donde los intereses de figuras públicas y poderes fácticos converg
