El 6 de septiembre de 1930, José Félix Uriburu lideró un golpe de Estado que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen en Argentina. Este evento marcó el inicio de un ciclo de regímenes militares que alteraron el rumbo político del país durante décadas.
Datos clave
- Quién: José Félix Uriburu, militar argentino.
- Qué: Derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.
- Dónde: Casa Rosada, Buenos Aires, Argentina.
- Cuándo: 6 de septiembre de 1930.
Uriburu nació el 20 de julio de 1868 en Salta y fue parte de una familia con una tradición militar y política. Desde temprana edad, mostró inclinación por la vida militar, llegando a desempeñarse como agregado militar en Alemania entre 1904 y 1908. Esta experiencia moldeó su visión autoritaria del Estado, influyendo en sus posturas respecto al gobierno y al papel del Ejército.
A medida que avanzaba la década de 1920, Uriburu comenzaba a fraguar vínculos con sectores políticos conservadores. Tras su retiro del Ejército en 1929, sus ambiciones de poder se agudizaron al encontrarse en un ambiente hostil hacia Yrigoyen, a quien consideraban un líder anacrónico y clientelista. Esta fusión entre su ambición personal y el descontento social lo llevó a ejecutar el golpe de estado que yacería en la historia de Argentina.
¿Cómo reaccionó la población ante el golpe de Uriburu?
La respuesta del público fue variada. Aunque los sectores opuestos a Yrigoyen inicialmente apoyaron a Uriburu, rápidamente se desilusionaron con su régimen. Las medidas autoritarias, como la disolución del Congreso y la represión de la oposición, erosionaron su respaldo popular. Esta pérdida de apoyo culminó con el ascenso de Agustín P. Justo, quien eventualmente reemplazó a Uriburu como presidente.
¿Qué implicaciones tuvo su gobierno?
El gobierno de Uriburu sentó las bases para un Estado corporativista inspirado en modelos fascistas, donde la representación se otorgaba por sectores económicos en lugar del voto popular. Sin embargo, esta visión chocó con la realidad argentina y su sistema político, resultando en un fracaso que dio paso a un retorno limitado a elecciones.
Uriburu entregó el poder a Justo en 1932, debilitado tanto por la oposición como por problemas de salud, falleciendo meses después en París. Su legado sigue siendo objeto de análisis y reflexión en la historia política del país, ilustrando cómo el uso del Ejército como árbitro en conflictos políticos se instauró de manera duradera en Argentina.
Con información de cronista.com

