Su liderazgo y valor marcaron el inicio del movimiento insurgente, convirtiéndola en un símbolo de patriotismo y lucha femenina en México. Josefa Ortiz de Domínguez, conocida popularmente como La Corregidora, fue una figura fundamental en los acontecimientos que dieron origen a la lucha por la independencia de México. Nació en 1768 en Valladolid, hoy Morelia, y desde joven recibió una formación moderna en un colegio con influencia ilustrada, desarrollando habilidades en lectura, música y pensamiento crítico. Durante su matrimonio con Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro, participó activamente en reuniones secretas con otros insurgentes, entre ellos Miguel Hidalgo y Ignacio Allende, que planeaban derrocar el dominio colonial español. Cuando la conspiración fue descubierta en 1810, Josefa tomó la iniciativa al enviar mensajes que permitieron retrasar la captura y acelerar el alzamiento, que ocurrió el 16 de septiembre de ese año. Su resistencia frente a la represión la llevó a sufrir encarcelamientos en distintas penitenciarías, incluso estando embarazada, pero su compromiso permaneció intacto. Su papel fue crucial para consolidar el movimiento independentista, y su legado continúa siendo un símbolo del valor femenino y del patriotismo mexicano. Falleció en 1829, dejando una huella imborrable en la historia del país. Entender la historia de Josefa Ortiz ayuda a apreciar la participación activa de las mujeres en la lucha por la libertad y la soberanía de México, un ejemplo de liderazgo que trasciende generaciones.
