Ciudad de México, CDMX. - La tensión entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la Iglesia católica se intensificó en 1926 con la implementación de la Ley Calles. Esta legislación introdujo severas restricciones al clero, incluyendo multas, encarcelamiento y un registro obligatorio de sacerdotes, que transformó el panorama jurídico y religioso del país.
Calles, quien asumió la presidencia en diciembre de 1924, ya había manifestado su postura anticlerical durante su mandato en Sonora, impulsando reformas radicales como el divorcio y la secularización. Su lucha no era solamente contra la organización eclesiástica, sino contra lo que definía como una "casta sacerdotal" que amenazaba con interferir en los asuntos del Estado. Para él, la Revolución mexicana requería una consolidación del poder que excluyera toda competencia, y esto incluía debilitar la influencia de la Iglesia sobre las conciencias.
El conflicto alcanzó su clímax cuando el arzobispo José Mora y del Río criticó públicamente aspectos de la Constitución de 1917. Calles vio estas declaraciones como un desafío a la soberanía nacional, lo que motivó la creación de la Ley Calles en junio de 1926. Este marco legal buscaba no solo regular la actividad religiosa, sino también llevar la ideología revolucionaria a la educación y a la vida cotidiana de los mexicanos.
En respuesta, la Iglesia católica se vio obligada a organizarse y defender sus derechos, lo que desembocó en una abierta confrontación que se intensificó en los meses siguientes. A partir de esta división radical, los cimientos de una guerra se sentaron, con la nación profundamente fracturada entre las posturas del Estado revolucionario y las creencias religiosas.
Este conflicto culminó en una serie de tensiones que derivarían en la Guerra Cristera, un período violento que marcaría la historia de México. El estatus actual de la situación es un recordatorio de la resistencia de la conciencia humana ante las imposiciones del poder político.
Con información de informador.mx

