La salud menstrual impacta la productividad laboral de millones de mujeres; avances en políticas de licencia pueden mejorar su bienestar y derechos laborales. La salud menstrual es un aspecto fundamental que afecta a una proporción significativa de la población trabajadora en México, donde más de 24 millones de mujeres integran la fuerza laboral. Estudios recientes evidencian que cerca del 45% de ellas enfrentan molestias físicas durante su ciclo menstrual, lo que en ocasiones obliga a ausentarse del trabajo ya sea por horas o días completos. Los dolores intensos, como los asociados a dismenorrea y endometriosis, dificultan el desempeño diario y generan consecuencias laborales negativas, incluyendo disminución de salarios, discriminación e incluso despidos. Aunque actualmente solo seis estados en el país cuentan con licencias menstruales, estas políticas permanecen limitadas a instituciones públicas, dejando fuera a gran parte del sector privado. La dificultad para acceder a estos permisos radica en la necesidad de un diagnóstico médico formal, que puede tardar años en lograrse y en muchos casos, ser minimizado por los servicios de salud. Además, la percepción social normaliza los cólicos intensos, lo que retrasa la atención adecuada y agrava los problemas de salud no tratados. Este panorama evidencia la necesidad de que las empresas y las instituciones adopten medidas preventivas y políticas de apoyo, como licencias remuneradas, horarios flexibles o modalidades de trabajo remoto, que permiten que las mujeres manage sus condiciones sin afectar su empleo ni su ingreso. La implementación de estas acciones no solo favorece el bienestar de las trabajadoras, sino que también impulsa una cultura laboral más equitativa y consciente del impacto de la salud reproductiva en el rendimiento y productividad. Conscientes de la importancia de estos temas, organizaciones civiles y expertas en derechos de las mujeres abogan por políticas que puedan adoptarse de manera inmediata, sin
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