Desde Calderón hasta Sheinbaum, diferentes gobiernos han enfrentado el reto de controlar la violencia y el narcotráfico en Michoacán, con resultados diversos pero persistentes problemas. Michoacán ha sido históricamente uno de los estados más afectados por la violencia derivada del narcotráfico y la presencia de grupos armados. A lo largo de las últimas décadas, sucesivos gobiernos han implementado estrategias variadas para restablecer el orden en la región, pero los resultados han mostrado una tendencia similar: la criminalidad y la confrontación siguen marcando la realidad de municipios clave como Uruapan, Apatzingán y Aguililla. Durante la administración de Felipe Calderón, la incursión federal en Michoacán marcó el inicio de la guerra contra el narcotráfico en el país, con operaciones militares dirigidas principalmente contra La Familia Michoacana y posteriormente Los Caballeros Templarios. Este enfoque militar intensificó la violencia y contribuyó a que diferentes cárteles se consolidaran en la zona, dejando un legado de enfrentamientos y criminalidad que todavía persiste. En el sexenio de Enrique Peña Nieto, la crisis en Michoacán se agravó ante la desintegración de los grupos criminales y la aparición de autodefensas civiles que, ante la falta de protección estatal efectiva, armaron su propia defensa y enfrentaron a los cárteles. El nombramiento de Alfredo Castillo como comisionado para la seguridad intentó coordinar esfuerzos, pero su gestión fue criticada por su manejo opaco y vínculos controvertidos, lo que no logró disminuir la violencia de fondo. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, la problemática no se detuvo. La tensión con Estados Unidos debido a las exportaciones de aguacate, por ejemplo, evidenció los desafíos de seguridad en la región agrícola. A pesar de ello, AMLO optó por un enfoque en el fortalecimiento social y preventivo, que no logró erradicar por completo las disputas entre cárteles y las amenazas a las autoridades locales. En la
