La estructura, construida para almacenar medicinas, no realiza distribución ni surtido de recetas, revelan informes oficiales tras controversias. El proyecto de la megafarmacia en México, impulsado durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue concebido inicialmente como una instalación de almacenamiento de insumos médicos. Recientes datos oficiales indican que en realidad no está diseñada para distribuir medicamentos ni surtir recetas, como se había informado en un principio. La infraestructura está destinada únicamente a recibir llamadas de derechohabientes del IMSS, ISSSTE y el programa IMSS-Bienestar en casos donde los medicamentos no estén disponibles en los propios institutos de salud. Los recursos y esfuerzos invertidos en la megafarmacia, que en su primera fase comenzó con un inventario de poco más de 2 millones de piezas —muy por debajo de su capacidad máxima de 280 millones—, no han resultado en una redistribución efectiva de medicinas en el país. Expertos señalan que su función real es la gestión logística de inventarios, no la distribución activa de tratamientos. Desde su inicio, la polémica ha girado en torno a su utilidad real y la coherencia de sus objetivos frente a problemas de desabasto persistentes. El contexto actual resalta la necesidad de reevaluar los modelos de almacenamiento y distribución en el sistema de salud mexicano, para garantizar que las acciones respondan a las necesidades y prioridades reales de la población en materia de acceso a medicamentos.
