Expertos señalan que focalizar recursos en los hogares más vulnerables puede generar una disminución significativa en la pobreza extrema a nivel nacional. La efectividad de los programas sociales en México ha sido objeto de análisis debido a que, a pesar de un notable aumento en el presupuesto destinado, la reducción de la pobreza extrema ha sido limitada. La expansión de estos apoyos, en particular a través de acciones universales, benefició principalmente a segmentos más acomodados, dejando en desventaja a los hogares con mayores niveles de pobreza, especialmente en los estados más vulnerables. La concentración de recursos en los sectores de ingresos más altos ha provocado que millones de hogares en situación de pobreza severa no reciban los apoyos necesarios. Aunque el gobierno federal cuadruplicó la inversión en programas sociales, cifras oficiales indican que solo una pequeña proporción de las transferencias llega a los más pobres, y los resultados en la disminución de la pobreza extrema han sido mínimos. Analistas especializados coinciden en que una estrategia de distribución más focalizada, que priorice a las comunidades con mayores índices de pobreza y desigualdad, permitiría reducir de forma más efectiva los niveles de pobreza extrema. La eliminación de esquemas específicos dirigidos a los más pobres, como ocurrió en 2018 con la desaparición de programas centrados en ese sector, habría contribuido a este fenómeno. La recuperación y ampliación de estos esquemas, combinadas con la universalización, podrían optimizar el impacto de las políticas sociales y generar una disminución más contundente en las cifras de pobreza en el país. Desde diferentes entidades académicas y organizaciones civiles, se enfatiza que redistribuir de forma más progresiva los recursos del Estado, concentrándose en los hogares más vulnerables, sería un paso estratégico para avanzar hacia una economía social más equitativa y combatir de raíz esta problemática nacional.
