Datos históricos revelan que los eventos sísmicos más frecuentes en México no ocurren en septiembre, sino en diciembre, destacando la importancia de comprender su comportamiento. El análisis de registros históricos del Servicio Sismológico Nacional, que lleva más de un siglo recopilando datos, muestra que diciembre es el mes con mayor cantidad de sismos en México, en lugar de septiembre, como comúnmente se piensa. Desde principios del siglo XX, la mayor incidencia de eventos sísmicos con magnitudes superiores a 6 y 7 grados ha ocurrido en diciembre, seguido por junio, abril y enero. A pesar de que en los últimos 35 años el número total de sismos ha mostrado un aumento sustancial—pasando de menos de 800 en 1990 a más de 33 mil en 2024— esto no indica que ciertos periodos sean intrínsecamente más peligrosos anual o estacionalmente. La percepción de una temporada sísmica específica puede estar influenciada por la estadística y la variabilidad natural de estos fenómenos, similar a la famosa "paradoja del cumpleaños" en probabilidad, donde la coincidencia en fechas resulta más probable de lo que se imagina. Es importante destacar que las regiones de Guerrero y Oaxaca son áreas de alta actividad sísmica y potencial riesgo de tsunamis, en buena parte debido a la dinámica de la subducción de la placa de Cocos bajo la placa de Norteamérica. La costa de Guerrero, en particular, alberga una brecha sísmica que permanece inactiva desde 1911; su eventual estado de actividad podría desencadenar un sismo de gran magnitud y consecuencias catastróficas para la Ciudad de México, a aproximadamente 400 kilómetros de distancia. La comprensión de estos patrones ayuda a fortalecer las medidas de prevención y preparación ante eventos sísmicos, que, aunque impredecibles en su momento, pueden ser gestionados con información adecuada.
