La economía mexicana muestra síntomas de estancamiento, con bajas tasas de crecimiento, aumento en importaciones y amenazas a la producción interna ante cambios en políticas de Estados Unidos. México continúa enfrentando un escenario económico marcado por un crecimiento modesto y cierto nivel de incertidumbre tanto en el ámbito interno como en las relaciones internacionales. Las proyecciones oficiales para 2025 y 2026 sitúan el crecimiento en cifras que no superan el 1.2 por ciento, en línea con la tendencia de los últimos años, considerado un ritmo mediocre que no garantiza una recuperación significativa del bienestar social. En los últimos doce meses, la evidencia muestra un debilitamiento en el consumo de bienes nacionales, que disminuyó en un 0.7 por ciento, mientras que el consumo de productos importados creció un 4.4 por ciento, indicando una dependencia creciente de insumos externos. Aunque en años anteriores millones de mexicanos lograron superar la pobreza, gran parte del aumento en el bienestar ha dependido del incremento en importaciones, lo cual ha tenido un impacto negativo en la producción industrial local, con caídas en sectores clave como la confección, el calzado y los muebles. La pérdida de miles de empleos formales y el incremento en la informalidad reflejan una situación insostenible. A nivel internacional, las relaciones con Estados Unidos se tornan más complejas. La visita del secretario de Estado estadounidense evidenció la intención de eliminar barreras arancelarias y reducir las importaciones mexicanas, además de plantear la relocalización de la manufactura en territorio estadounidense. Estas decisiones, junto con posibles cambios en el acuerdo del TLCAN, amenazan con afectar severamente las exportaciones mexicanas, que ya enfrentan un escenario de mayor competencia y restricciones. Ante este panorama, expertos llaman a orientar esfuerzos hacia fortalecer la producción interna y sustituir gradualmente las importaciones por bienes nacionales.
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