A siete años del inicio del gobierno de Morena, la violencia y las muertes se han convertido en la constante que marca la realidad del país, superando cifras históricas. México atraviesa una severa crisis de violencia que ha transformado la percepción de seguridad en el país, donde diariamente fallecen al menos un centenar de ciudadanos de diversas edades y perfiles. Esta realidad ha alcanzado niveles que superan las cifras de administraciones anteriores, convirtiendo al territorio en uno de los lugares con mayores tasas de mortalidad en el mundo. Uno de los episodios recientes que ejemplifica esta situación ocurrió el pasado 1 de noviembre en Tepetlixpa, Estado de México, donde una joven madre fue víctima de feminicidio por parte de familiares, impidiéndole participar en una tradicional celebración del Día de Muertos. La violencia endémica ha sido cómplice del desdén de las instituciones y ha revelado un fracaso en las políticas de seguridad y justicia. Además, el contexto político ha alimentado la desilusión, ya que las promesas de reducir la violencia durante el inicio del gobierno de Morena no se han cumplido, consolidando un escenario donde la muerte se ha convertido en una constante. Históricamente, México ha sido retratado por su historia cultural en torno a las tradiciones del Día de Muertos, pero en la actualidad, esa festividad contrasta con la cruda realidad de un país en conflicto permanente, donde la impunidad y las cifras de desapariciones y asesinatos crecen sin freno.
