Con el gasto más bajo por alumno y un crecimiento insuficiente en infraestructura y recursos, México enfrenta un atraso en su sistema educativo frente a países con menor ingreso per cápita. México presenta el nivel más bajo de inversión por estudiante entre los 38 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Mientras que el gasto anual por alumno en primaria alcanza los 2,933 dólares, el promedio internacional se sitúa en 11,902 dólares, casi cuatro veces más. Países con menor Producto Interno Bruto per cápita, como Bulgaria, Turquía y Rumania, destinan más recursos por estudiante, evidenciando un rezago estructural en la asignación de recursos educativos. Este contexto se refleja en una infraestructura deficiente y en limitaciones en la calidad y cantidad de recursos para docentes y operación escolar. Además, la mayor parte del presupuesto federal destinado a educación se concentra en programas de becas universales, lo que ha reducido significativamente la inversión en escuelas, universidades y programas de mejora. A pesar de un ligero aumento en el gasto público, para 2026 México mantendrá una inversión equivalente al 3.19% del Producto Interno Bruto en educación, el nivel más bajo desde 2018. El análisis de expertos revela que las transferencias sociales, como las becas, distorsionan las cifras oficiales y no necesariamente benefician a quienes enfrentan mayores vulnerabilidades. La priorización de estas ayudas ha impactado negativamente en la cobertura, duración y resultados de aprendizaje, evidenciado por la caída en los indicadores de rendimiento en evaluaciones internacionales como PISA. La disminución del gasto en educación superior y media superior, a pesar del aumento en matrícula, ha agravado las desigualdades y el deterioro en la calidad educativa en estos niveles. Si el país continúa priorizando transferencias sociales en lugar de fortalecer su inversión en capital humano, el panorama educativo no mejorará y
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