La falta de regulaciones claras, infraestructura limitada y aranceles afectan la transición del mercado automotriz mexicano hacia los autos eléctricos, favoreciendo los híbridos. México enfrenta desafíos estructurales que han limitado su avance en la adopción de vehículos eléctricos puros, privilegiando en cambio la expansión del mercado de híbridos enchufables. La infraestructura de recarga continúa en desarrollo, con menos de 52,000 puntos de conexión a nivel público y privado, insuficiente para cubrir la demanda potencial. Además, la ausencia de regulaciones técnicas precisas ha permitido que modelos con sistemas eléctricos mínimos accedan a beneficios fiscales destinados a vehículos más sustentables, creando una distorsión en las políticas públicas. La ambigüedad en las definiciones y la existencia de un sistema de placas verdes accesible a diversos tipos de vehículos ha erosionado la eficacia del marco regulatorio, dificultando diferenciar claramente entre las distintas tecnologías. En paralelo, el mercado local presenta una oferta creciente de modelos híbridos, liderada por marcas como Toyota y Hyundai, que encuentran en estos vehículos una opción más accesible y rentable en el contexto actual mexicano. La posible imposición de aranceles de importación, además, podría encarecer los modelos eléctricos de menor costo, frenando aún más su adopción. A pesar del crecimiento en ventas de automóviles electrificados, la participación de autos 100% eléctricos ha disminuido en los primeros nueve meses del año, en tanto los híbridos ganan terreno. Esto refleja una realidad donde México, en el corto plazo, se queda atrás en la transición a la movilidad eléctrica, aunque avanza rápidamente en la adopción de híbridos.
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